Brexit e inmigración: ¿es realmente más libre el Reino Unido diez años después?

Para muchos españoles, el Brexit ha sido uno de los acontecimientos políticos más importantes de la Europa contemporánea. La decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea fue presentada por sus defensores como una forma de recuperar la soberanía nacional y volver a controlar cuestiones fundamentales como las leyes, las fronteras y la inmigración.

Diez años después del referéndum del 23 de junio de 2016, la experiencia británica ofrece enseñanzas que interesan a toda Europa y que merecen ser analizadas con atención.

Uno de los argumentos centrales de la campaña a favor del Brexit era que el Reino Unido solo podría gestionar eficazmente la inmigración si recuperaba el control total sobre sus fronteras. La libre circulación de personas dentro de la Unión Europea era vista por muchos votantes como una limitación a la capacidad del Estado británico para decidir quién podía entrar y permanecer en el país.

Desde un punto de vista jurídico, el Brexit ha conseguido ese objetivo. Hoy el Reino Unido dispone de una mayor autonomía para definir sus políticas migratorias. El gobierno británico decide de forma independiente los requisitos de entrada, los visados y las condiciones de residencia.

Sin embargo, la cuestión fundamental es otra: ¿ha resuelto esta mayor soberanía los problemas relacionados con la inmigración?

La experiencia demuestra que la respuesta es más compleja de lo que muchos esperaban.

La inmigración sigue siendo uno de los principales temas del debate político británico. Las llegadas irregulares a través del Canal de la Mancha continúan generando controversia. Los procedimientos de asilo siguen siendo objeto de discusión pública. Las expulsiones y los retornos encuentran obstáculos jurídicos y prácticos. Además, numerosos sectores de la economía británica continúan necesitando trabajadores extranjeros.

Todo ello pone de manifiesto una realidad importante: controlar las fronteras y gestionar la inmigración no son exactamente la misma cosa.

Un Estado puede recuperar plenamente el control sobre sus fronteras y, aun así, seguir enfrentándose a desafíos relacionados con la integración de quienes ya viven en su territorio. La inmigración no termina cuando una persona cruza una frontera. A partir de ese momento comienza un proceso mucho más amplio relacionado con el trabajo, la lengua, la convivencia, la participación social y el respeto de las normas comunes.

Precisamente por ello, el caso británico resulta especialmente interesante.

Durante años, gran parte del debate político europeo se ha concentrado en la cuestión de las entradas. Se habla de controles fronterizos, de visados, de cuotas y de procedimientos administrativos. Mucho menos frecuente es la discusión sobre cómo evaluar el grado de integración de las personas que ya forman parte de la sociedad receptora.

Sin embargo, ninguna política migratoria puede considerarse completa si no aborda también esta dimensión.

Desde mi punto de vista, el control de las fronteras es necesario, pero no suficiente. La verdadera cuestión consiste en determinar qué significa integrarse y cuáles son los criterios objetivos que permiten valorar ese proceso.

El empleo estable, el conocimiento de la lengua nacional y el respeto del orden jurídico constituyen indicadores concretos que permiten medir el compromiso de una persona con la comunidad en la que vive. Sin instrumentos de este tipo, cualquier política migratoria corre el riesgo de quedarse a medio camino.

La experiencia británica demuestra que la soberanía es una herramienta importante, pero no una solución automática. Un país puede recuperar la capacidad de decidir sobre sus fronteras y seguir enfrentándose a dificultades migratorias si no dispone de una estrategia clara sobre integración y pertenencia a la comunidad nacional.

Diez años después del Brexit, la principal lección parece evidente. La cuestión no consiste únicamente en decidir quién entra en un país. La cuestión consiste también en determinar, mediante criterios transparentes y verificables, quién participa realmente en la vida de la comunidad nacional y bajo qué condiciones puede seguir formando parte de ella.

Avv. Fabio Loscerbo

Lobista inscrito en el Registro de Transparencia de la Unión Europea (ID 280782895721-36)

ORCID: https://orcid.org/0009-0004-7030-0428

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