Cuando el Secretario de Estado de Estados Unidos habla en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el mensaje nunca es solo diplomático. Es estratégico. El discurso de Marco Rubio en 2026 debe entenderse como una señal clara de que el orden internacional está cambiando. No se trata de un simple comentario político, sino de una indicación de hacia dónde se dirige el mundo occidental en materia de soberanía, seguridad y migración.
Para un público español y latinoamericano, este punto es fundamental. La inmigración ya no es solo una cuestión social o humanitaria. Se ha convertido en un elemento central de estabilidad política, cohesión social y seguridad nacional, tanto en Europa como en Estados Unidos.
España, como frontera sur de la Unión Europea, vive esta realidad cada día. Presiones migratorias desde África, crisis regionales, cambios demográficos y tensiones sociales obligan a repensar el modelo migratorio. El discurso de Rubio se inserta en este contexto: anuncia un mundo donde los Estados recuperan responsabilidad directa sobre sus fronteras, sin abandonar sus compromisos jurídicos.
Aquí aparece una cuestión jurídica esencial que a menudo se confunde.
La protección internacional incluye el estatuto de refugiado y la protección subsidiaria, derivados de la Convención de Ginebra y del derecho de la Unión Europea. Estas formas de protección siguen siendo pilares fundamentales del Estado de Derecho.
Pero junto a ellas existen formas de protección complementaria, como la prevista en el artículo 19 del ordenamiento italiano, que se aplican cuando la expulsión de una persona implicaría una violación concreta de sus derechos fundamentales, aunque no se cumplan los requisitos estrictos del asilo. Este enfoque está en línea con la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
En el nuevo contexto mundial, esta distinción se vuelve crucial. Permite al Estado proteger a quien realmente lo necesita y, al mismo tiempo, gestionar de forma ordenada los flujos migratorios.
En esta línea propongo desde 2023 el paradigma “Integración o ReInmigración”.
Durante años el debate europeo se ha movido entre dos extremos irreales: fronteras abiertas sin condiciones o cierre total. Ninguno funciona. Una política migratoria seria debe basarse en criterios verificables: trabajo, idioma, respeto de la ley. Quien se integra debe poder quedarse. Quien no se integra y no tiene necesidad de protección debe regresar a su país de origen.
Esto no significa negar el derecho de asilo. Significa marco jurídico claro para gobernar la inmigración en un mundo más inestable.
El discurso de Marco Rubio en Múnich no entra en detalles del derecho europeo, pero anticipa un clima político que afectará a España y a toda Europa. Habrá más controles, más exigencia de pruebas de integración, procedimientos administrativos más rigurosos y mayor protagonismo de los tribunales.
Para España, la lección es evidente. La política migratoria no puede ser solo ideológica. Debe equilibrar soberanía, derechos fundamentales e integración real. Solo así el sistema seguirá siendo justo y sostenible.
El nuevo orden mundial que se está formando no eliminará los derechos humanos. Exigirá aplicarlos con más rigor y responsabilidad. En este contexto, la protección complementaria y el paradigma “Integración o ReInmigración” no son eslóganes políticos, sino herramientas jurídicas para gobernar la inmigración con equilibrio y realismo.
Avv. Fabio Loscerbo
Lobbista – Registro de Transparencia de la Unión Europea n.º 280782895721-36
Despacho en Bolonia, Via Ermete Zacconi 3/A, Italia

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