En los últimos años, España ha sido presentada en varios análisis europeos como un modelo pragmático de política migratoria. Dos artículos italianos lo han destacado con claridad: “L’immigrazione regolare come leva di sviluppo economico: il caso spagnolo” publicado por 7Grammilavoro
https://www.7grammilavoro.com/limmigrazione-regolare-come-leva-di-sviluppo-economico-il-caso-spagnolo/
y “Migranti: la Spagna sceglie l’integrazione” publicado por Il Bo Live – Universidad de Padua
https://ilbolive.unipd.it/it/news/societa/migranti-spagna-sceglie-lintegrazione
Ambos textos describen a España como un país que ha ampliado vías legales de entrada, ha impulsado procesos de regularización y ha vinculado la inmigración a las necesidades del mercado laboral. En esta perspectiva, la inmigración regular se convierte en una herramienta de crecimiento económico y de equilibrio demográfico.
Para el público español, este planteamiento resulta familiar. El debate nacional ha girado con frecuencia en torno a la necesidad de mano de obra en determinados sectores, el envejecimiento de la población y la sostenibilidad del sistema productivo. La pregunta suele formularse en términos económicos: ¿la inmigración contribuye al desarrollo y a la estabilidad financiera?
Es evidente que la inmigración regular puede aportar crecimiento, cotizaciones y cobertura de vacantes estructurales. El modelo español demuestra que la apertura de canales legales reduce la irregularidad y facilita la inserción laboral formal. Sin embargo, el núcleo del debate europeo actual —especialmente en Italia— no se limita a la dimensión económica.
La cuestión fundamental es institucional: ¿basta la utilidad económica para legitimar la permanencia estable y duradera en el territorio nacional?
El mercado laboral es dinámico. Las necesidades cambian. Los ciclos económicos fluctúan. Si la legitimidad de la permanencia se fundamenta exclusivamente en la demanda de trabajo, ¿qué ocurre cuando esa demanda disminuye? Un Estado no puede gestionarse como una empresa que ajusta su plantilla según la coyuntura.
La residencia permanente implica derechos sociales, acceso a servicios públicos, reagrupación familiar y una transformación estructural de la sociedad. No se trata solo de empleo, sino de integración en el orden jurídico y en la comunidad política.
En este contexto surge el paradigma que propongo: Integrazione o ReImmigrazione. El término ReImmigrazione no se traduce, porque expresa una idea específica: no es simplemente “retorno”, sino un mecanismo ordenado, jurídico y estructurado que se activa cuando el proceso de integración fracasa.
La integración, en este modelo, no es un concepto retórico ni exclusivamente cultural. Es un pacto verificable entre el Estado y la persona. Se basa en empleo estable, conocimiento de la lengua y respeto constante del ordenamiento jurídico. El Estado garantiza derechos; el individuo asume deberes y demuestra su integración de manera concreta.
Si la integración es real y sostenida, la permanencia es legítima. Si fracasa, la presencia no puede convertirse en automática e irreversible. En ese caso, debe existir la posibilidad de un proceso ordenado de ReImmigrazione.
El modelo español, tal como es descrito en los artículos citados, pone el acento en la inclusión y la regularización. Es un enfoque que reconoce la dimensión humana y económica de la inmigración. Sin embargo, la pregunta clave es si existe un sistema estructurado de verificación a medio y largo plazo. ¿Qué sucede cuando el empleo se pierde de manera prolongada? ¿Qué mecanismos garantizan el respeto continuado del orden jurídico? ¿Existe una cláusula clara de responsabilidad recíproca?
Sin verificación, la integración corre el riesgo de convertirse en una declaración política más que en una condición jurídica efectiva. Sin responsabilidad, la permanencia se consolida sin evaluación.
El debate europeo no es una elección entre apertura o cierre. Es una reflexión sobre el fundamento de la estabilidad. ¿Debe basarse la residencia permanente principalmente en la contribución económica o en una integración real y comprobable?
Integrazione o ReImmigrazione propone un equilibrio: la entrada puede responder a necesidades económicas, pero la permanencia debe depender de una integración verificable. La ReImmigrazione no es lo contrario de la integración; es su garantía institucional.
En una Europa que afronta desafíos demográficos, sociales y culturales profundos, la integración no puede ser solo un principio. Debe ser medible, exigente y recíproca. Sin verificación no hay integración. Sin responsabilidad no hay estabilidad.
Avv. Fabio Loscerbo
Lobbista – Registro de Transparencia de la Unión Europea
ID 280782895721-36

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